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03 diciembre 2006

Reflexiones sobre Noam Chomsky y el socialismo libertario

1ra parte (de 3)


Jan-David Gelles (Profesor del Departamento de Economía de la PUCP)





Síntesis: Chomsky ha demostrado un amplio respeto por la libertad de opinión y una voluntad anti-autoritaria. Así, evita imponer sus ideas libertarias, manifestándolas en ejemplos concretos, pero sin expresarlas abiertamente. Hoy, habrían tomado vigencia las ideas anarquistas debido al fracaso de los regímenes económicos de planeamiento centralizado y a la reconsideración de las críticas de pensadores anarquistas sobre éstos. No han existido economías nacionales organizadas bajo principios libertarios; sin embargo, se han dado casos exitosos a nivel microeconómico.

En 1996, cuando el uso de la Internet no estaba tan difundido como en la actualidad, digité “Noam Chomsky” en el buscador Altavista. Impulsado por una curiosidad, buscaba saber algo más sobre una persona cuyo nombre había escuchado nombrar. El resultado fue unas 17.000 páginas donde se le mencionaba1; inaudito por tratarse de un profesor de lingüística.

Inmediatamente, descargué e imprimí un artículo suyo sobre temas de política exterior norteamericana. Quedé muy impactado, sobre todo, porque explicaba en términos razonados la colaboración del gobierno de Estados Unidos con antiguos criminales nazis después de la II Guerra Mundial. Además, había algo ejemplar en la redacción de ese y otros artículos suyos: eran sencillos y claros; y, a la vez, penetrantes y documentados.

Posteriormente, descubrí sus libros. El primero fue “Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media”
2, en el que se expone la tesis conocida de Chomsky respecto a las acciones manipuladoras de los gobiernos y las corporaciones para (de) formar la opinión pública, haciendo uso de los medios de comunicación social, como la televisión y los periódicos.3 Luego siguieron las lecturas de “Reflections on Language”; “Keeping the Rabble in Line”; “Política y cultura a finales del siglo XX”; “Profit over People”; “Poder y terror”; e igualmente una serie de otros excelentes libros escritos por autores recomendados por él.


La admiraci ón intelectual que sentía por Chomsky fue creciendo. Paralelamente, notaba que no todos compartían la misma opinión favorable que me había formado e incluso existían juicios abiertamente denigrantes. Una primera duda seria vino cuando me enteré que, en los años ochenta, Chomsky había defendido el derecho a la libertad de opinión del francés Robert Faurisson, un historiador revisionista del genocidio nazi contra los judíos. ¿Cómo era posible que un académico brillante, hijo de inmigrantes judíos, asociara su nombre con una persona tan cuestionada como Faurisson?

No obstante, con el tiempo, esa duda se aclaró, cuando pude entender la posición voltairiana de Chomsky: hay que ser tolerantes con las ideas contrarias, hasta llegar incluso a defender el derecho de quien las expresa y esperar que las ideas estúpidas, como las de Faurisson, caigan por su propio peso.

En la biografía personal de Chomsky, escrita por Robert F. Barski, aparece un dato que quizás sea el que mejor describe sus cualidades personales: suele contestar detalladamente todas las (numerosas) comunicaciones que recibe, incluyendo las de completos desconocidos.

Así lo pude comprobar cuando logré mantener contactos por correo electrónico con él, para hacerle preguntas diversas sobre el capitalismo, los kibutz, el socialismo libertario, etc. Le estoy muy agradecido por sus respuestas y estoy seguro de que actúa de esa manera por una convicción verdaderamente democrática, y porque para él, la coherencia entre el pensar y el hacer es clave.


En este sentido, muchas de las críticas que Chomsky ensaya en sus escritos políticos se basan precisamente en identificar las inconsistencias que aparecen entre los discursos de los gobernantes norteamericanos y las políticas que estos realmente implementan (por ejemplo, discursos sobre el valor de la libertad pero la práctica de la guerra).

Por otro lado, si uno se toma el trabajo de revisar su extensísima bibliografía, fácilmente se podrá dar cuenta de que son pocas las publicaciones en las cuales se abordan, en forma directa, problemáticas relacionadas al socialismo libertario o anarquismo. Definitivamente, las ideas libertarias de este pensador sí aparecen en sus libros, artículos y entrevistas; pero, por regla, no las identifica expresamente como pertenecientes a esa tradición de pensamiento.

Al respecto, hay una secuencia ilustrativa en la película documental La Corporación

4, donde Chomsky se refiere a las estructuras funcionales jerárquicas de las grandes corporaciones como “tiranías privadas”. Esa frase, alusiva a la falta de democracia interna en las grandes corporaciones, es consistente con el ideal anarquista de reducir, en lo posible, las jerarquías sociales; pero nótese que expresa la frase bajo la forma de una crítica concreta y no como una idea general e identificable con el pensamiento anarquista.


Por cierto, ese ideal de reducción de jerarquías se percibe como deseable en el mundo moderno, en el cual las grandes corporaciones se relacionan públicamente como “organizaciones horizontales”. También, habría que agregar que el ideal de reducir las jerarquías sociales se aplicaría igualmente a los sindicatos de trabajadores que no permiten la democracia interna.

La interpretación que hago de esa reticencia manifiesta en dejar entender sus planteamientos anarquistas, pero no siempre declararlos, es que surge de una voluntad anti-autoritaria. Es decir, es un intento de no imponerse sobre el lector u oyente (algún lector más desconfiado podría decir que Chomsky es un hábil manipulador).

La tarea de esbozar planteamientos teóricos para la transición a un sistema económico alternativo, basado en principios libertarios, no ha sido pues asumida por Chomsky. Sin embargo, al respecto, se puede consultar el libro de Robin Hahnel, economista norteamericano, titulado: “Economic Justice and Democracy: From Competition to Cooperation” (que incluye un comentario corto del propio Chomsky en defensa del socialismo libertario).

En el tiempo presente, el interés renovado por las ideas anarquistas en el mundo se explicaría por el fracaso de los regímenes económicos de planeamiento centralizado y, además, por un reconocimiento (tardío) de las acertadas críticas de los pensadores anarquistas sobre esos regímenes: predijeron correctamente que la clase de los planeadores económicos se convertiría en una nueva clase explotadora y opresora. Y, sin embargo, una actualización de los ideales anarquistas tendría que partir del reconocimiento del error de querer abolir toda forma de gobierno centralizado.

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